Lima sin Auto
Ayer caminé desde Larco hasta La Celosa con mi amigo Ronny Kleiman. Desde que dejé mi Honda en el taller, he aprendido a gustar de la Lima peatonal. Me di cuenta hace dos días caminando por Lince, buscando la dirección de mi flamante psicoanalista (dejé el auto y estrené loquero, como si fuera un personaje de Woody Allen; pero no es Nueva York, sino Lima la gris y contaminada), pues fui descubriendo cómo es diferente la perspectiva del peatón, la atmósfera de Lima fuera de mis cuatro ruedas, de sus lunas tintadas anti-golpe, los asientos de cuero y la música de fondo y pestillos. Cruzar la Javier Prado a pie, por ejemplo, fue un acto de fe que conllevó riesgos bien reales. La primera lección fue que soy frágil y que existen seres de metal mucho más veloces, irracionales y fuertes que uno, cuya voluntad debe ser acatada a riesgo de muerte. Al andar por los Pinos y doblar la Dos de Mayo noté cómo las casas en realidad se han diseñado para disfrutarse desde las veredas, y no desde el cómodo asiento de mi Honda, donde soy un extranjero de mi propio barrio. Segunda lección: la perspectiva lo es todo.
Qué me está pasando? Debe ser el efecto Lady Vaga (el nuevo apelativo de Susy Villarán), la que por fin parece dejó la actitud de activista y se empiló. Ahora hasta la empiezan a querer algunos periodistas. Hay que dejarla obrar: van sólo siete meses. No haberse puesto para la foto de las obras que la precedieron fue un tremendo error político, pero no cabe duda que enfrentarse, por fin, a la mafia del transporte público limeño vale todas las misas para Susana. Con esa actitud desafiante, la primera real que veo en contra de esos abusivos trogloditas que dominan nuestras pistas (espero que luego no se diluya y deshaga tu valentía), Susy, you have me at hello.
La Masacre de Accomarca
Andar por Miraflores con mi amigo tico Ronny Kleiman, además de haber sido una oportunidad de conversar por más de veinte minutos sin interrupciones, fue una experiencia enriquecedora para un adicto a las ruedas que nunca anda por las calles salvo cuando le toca correr por el malecón. Anduvimos por Larco. Luego, nos metimos por algunas callecitas y llegamos a 28 de julio. Íbamos al cumpleaños de un amigo que había cerrado el Bar La Celosa, un magnífico huarique en la calle Recavarren. De 28 de julio llegamos al Parque Kennedy y cruzamos por la calle de las pizzas y sus restaurantes repletos de turistas confundidos, bricheros y visitantes nocturnos. Llegamos al bar, donde servían tragos y se había agolpado una multitud de amigos del agasajado: artistas, criaturas nocturnas, parientes, etc. Hasta ahí, la noche no había dado mayores vuelcos; lo de siempre: blah, blah, blah, la verdad es que en una hora estuvimos fuera del lugar. No voy a decir que no hubiera gente interesante o que no la pasé bien, pero me estoy recuperando de una bronquitis y un ataque de asma y el ambiente estaba cargado de humo y repleto de respiraciones. No era mi mejor momento ni el mejor lugar. Cuándo prohibirán de manera más categórica fumar en lugares públicos? Es cavernario que tengamos que aguantarle la cochinada a los demás. Si están socialmente prohibidos los eructos, los pedos, los vómitos y los cagues al paso, por qué tenemos que aguantarle el humo al paso a las personas? Es inaceptable. El bar parecía un capítulo de la tercera temporada de Mad Men, con mozos de blanco y demasiada gente fumándole en la cara a los demás sin la más mínima vergüenza.
Si hubiera ido con mi auto, la noche hubiera iniciado y terminado sin esa caminata a través de la bruma limeña y sin aquel regreso, que fueron los momentos que, honestamente, más valieron la pena de toda la velada (y los más limpios para mis pulmones).
El taxista que me llevó de regreso y me cobró 15 soles fue certero y absoluto en su medición del costo, cosa rara en un taxista y más rara aún en un taxista que está recorriendo Miraflores a la media noche en busca de borrachos con la billetera más suelta. Fueron dos carreras, de La Celosa al Hotel Ibis a dejar a Ronny, y luego hasta mi casa en San Isidro. El taxista estaba escuchando la radio, y se oía que a Telmo Hurtado lo acababan de extraditar a Lima, que había aterrizado directo desde las garras de la Interpol en Estados Unidos a las garras de la justicia peruana. El taxista se presentó como Gamboa, y me contó que él era de Accomarca. Até cabos: Accomarca fue el pueblo donde ocurrió la masacre de sesenta y nueve campesinos, donde Telmo Hurtado, “El Carnicero de los Andes”, comandó el asesinato de hombres, mujeres y niños el 14 de agosto de 1985.
Yo me escapé antes, unos 15 días, me fui a Lima, me cuenta Gamboa mientras conduce tranquilo su taxi negro y con asientos de cuero, de una empresa formal de taxis. Me muestra el fotocheck de su empresa para que lea bien su nombre, como queriendo marcar en mi memoria la veracidad de las cosas que me cuenta. Se vestían igual los cumpas (senderistas) y los sinchis (ejército), me dice. No se sabía quién era quién. Mataron a muchos. A mi primo de su familia le mataron 17, se quedó el solito. Se metió al ejército y lo hicieron comandante y se regresó y se metió al monte y uno a uno los fue matando a los cumpas. Su relato fue corto, lo que duraron los aproximadamente siete minutos que me tocó regresar a mi casa. Hoy en El Comercio veo una foto bastante antigua de un comandante con lentes oscuros enormes que le cubren un tercio de la cara y un bigote grueso. “El Carnicero de los Andes”, como lo llaman, es el símbolo de esa época perdida pero bastante reciente, de ese capítulo cerrado que no quisiéramos volver a abrir. Pero los fundamentos de esa ecuación de la locura continúan ahí, contenidos. Y hoy se mantiene ahí enquistado en las heridas y alimentado por la incompetencia de las autoridades, la codicia de las empresas, el influjo negativo del narcotráfico y el contrabando y la persistente ignorancia y miseria. Espero que las heridas no afloren de nuevo. No obstante, luego de Puno y Huancavelica, me queda claro que las heridas aún no se han cerrado y que los problemas que causaron la barbarie continúan latentes.
La Ecuación de La Locura
Últimamente no leo NADA bueno del gobierno entrante. Humala se zurró en nombrar a su gabinete. Y ya estamos tan cansados del under-delivery, que paramos de reclamar. Hoy se largó a Venezuela a ver al canceroso de su financista y luego va rumbo a México. Y no pronunció palabra sobre su hermano. Esa actitud de rehuir del diálogo y no enfrentarse a la verdad, esa falta de liderazgo que está demostrando, va costarle caro cuando empiecen los verdaderos problemas. Comandante Humala, presidente, qué pena con el Perú que en la ejecución de sus actos usted haya revelado tanta incompetencia. No tengo nada claro sobre sus verdadera convicciones ideológicas. Hasta ahora, me parece que son escuálidas, cambiantes y que se ajustan superficialmente a la audiencia. Habrá que esperar a los hechos para entender realmente la verdadera contundencia de sus ideas. Le confieso que prefiero que sean escuálidas sus convicciones, por que si realmente nos espera la ejecución de public policy de la mano de bárbaros como el sr. Jorge Bernedo, de su comisión de transferencia del Ministerio de Trabajo, que declara su mediocridad intelectual criticando los contratos de trabajo temporal como “prebendas empresariales”, estamos fritos. Ojalá que lo suyo sea, al final del capítulo de los próximos 5 años que nos restan, un Toledismo más mediocre, pero igual de inofensivo.
Ahora, sobre su capacidad de liderazgo, ahí sí estoy preocupado. No va a durarle la luna de miel un dólar más si no enfrenta los problemas. La prensa se lo va a comer vivo. Y ahí querrá meterse con la prensa. Y no va a poder. El congreso, el poder judicial y el tribunal constitucional se lo comerán vivo. Sr. Humala, necesitamos que demuestre capacidad de liderazgo. Tome el tema de su hermano y desbrócelo, expóngalo y explíquelo. Tome el problema del gabinete y resuélvalo. Usted es el presidente del Perú. Defina a su equipo de La Haya. Confirme quiénes se quedan y quiénes se van. Empiece a tomar decisiones! Es lo que esperamos de usted!
Y otra cosa más, qué es esto de invitar a Irán a la toma de mando? Es que ha enloquecido? Lo leí en un editorial de Jaime de Althaus en El Comercio. No queremos a ningún representante de ningún país no democrático en su cambio de mando. Uno solo de esos representantes invalida en nuestros ojos sus credenciales democráticas. Ese falso multilateralismo es inaceptable. No vamos a permitir que transforme nuestro país, que por fin parece serio a los ojos del mundo, en un fantoche más de aquel concierto de payasos híbridos. No quiero en Lima de invitado a la toma de mando de MI PAÍS un líder que niega el holocausto y le niega a su pueblo el derecho de vivir libremente. No! No! No! Eso es jugar con la ecuación de la locura. No! No! No! No queremos a Irán en el cambio de mando! No queremos hermanitos negociando prebendas en Rusia! No le permitiremos cambiar la constitución! No le permitiremos meterse con los medios de prensa! No le permitiremos doblegar la democracia! Repito: no queremos a Irán en el cambio de mando y hay una larga lista de cosas que NO le vamos a permitir. Prepárese a gobernar como esperamos que nos gobierne. A usted sólo lo eligió un 30% del país. El resto fue suerte e incompetencia, y un Premio Nóbel y un ex Presidente con ceguera política. Ha tenido suerte. A partir de ahora, se le acabaron la suerte y MI paciencia.
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