martes, 12 de febrero de 2013

Un Junkie motorizado va a Rehab (1 artículo de varios…)








Un Junkie motorizado va a Rehab  (1 artículo de varios…)

Esta historia empezó una tarde de enero en la tienda de bicicletas de la esquina de Reducto con 28 de julio.  En pocos días, se completaría el giro que por entonces le di a mi vida.  Venía dando de botes con una ruptura que me tenía hipersensible.  Andaba con ganas de probar cosas nuevas:  clases de surf, taller de terapia a través del arte, psicoterapia conductiva, yoga, footing, personal training, ejercicios integrados auditivos, todas iniciativas con el mismo afán de reflexionar nuevas direcciones, de proteger mis horas frágiles del embate de los cambios. 

Vino a mí, en esa fase experimental, la idea de retomar una afición de niño… pedalear.  Por qué no?, pensé.  Mientras admiraba los distintos modelos y la parafernalia inacabable de accesorios de la tienda, recordé que muchas cosas de mi vida cambiarían dramáticamente en pocos días.  Sea donde sea que ocurran, tal vez será mejor que me pillen pedaleando, pensé.  Y  salí orgulloso con mi bicicleta nueva -una montañera simple, aunque algo fintera-, un casco protector color gris y uno que otro adicional.  No pensé demasiado en qué tan amplia podría llegar a ser esta nueva afición.  Me llevaba en la maletera del auto una nueva herramienta complementaria para mitigar el dolor y la incertidumbre, y eso bastaba para el momento.  Inicialmente, sería cosa de salir a pasear por ahí, de llevarla a la playa algunos fines de semana y, tal vez, llegar al trabajo pedaleando un día que otro.  Total, mis oficinas quedaban a 6 cuadras. 

Algo de ejercicio, ojalá que todos los días, pensé.  Si consiguiera venirme a pedal hasta el trabajo, me evitaría el diario dolor de huevos que era estacionar mi camioneta en el closet de cemento que me habían asignado como parking.  A la hora de mudarnos a las nuevas oficinas, algunos meses antes, la mafia de los estacionamientos había repartido los lugares en cualquier orden menos el que se debería.  No primó ningún criterio racional en la repartija, salvo la excepción lógica que le delegaba los mejores lugares a los dos socios fundadores y a sus visitantes.  Después de ellos, venía el diluvio.  No importaban ni la jerarquía del individuo ni el tamaño de los autos.  Lo que sí estaba claro era que mi absoluta falta de roce con el submundo administrativo de la oficina -combinada con haber llegado tarde y desinformado a la repartija-, me condujeron hacia el peor lugar posible: un pequeño cofre de concreto desigual, con el suelo inclinado y las paredes descentradas, donde había que estacionar de retro rogándole al santo patrón de las camionetas para no quiñar la máquina.

Bueno, todo eso lo dejé pronto: el cofre de concreto y todo eso.  De mi decisión de andar por Lima en bici va ya un poco más de un año.  No hay mucho que explicar sobre la mecánica de andar en bicicleta en sí, pues la mayoría ha pedaleado por lo menos una vez, aunque aquella bici fuera un armatoste oxidado y sin velocidades, de freno contra-pedal, que los protegía de las caídas con sus rueditas laterales.  Así fue mi primera bici, la del parking al lado del parque, en Miguel Aljovín, en la Aurora, Miraflores; la de mi papá empujándome y yo sobre la marcha aprendiendo a que para avanzar hay que esforzarse y que, si no se tiene cuidado, uno se cae, y que para eso es siempre bueno andar por la vida con unas rueditas laterales de repuesto en los bolsillos (o en la cuenta bancaria).

Todos hemos experimentado el pedaleo.  Recibimos aquel arte de nuestros padres y lo transmitimos a nuestros hijos.  Pero, en el medio de la vida, la mayoría renegamos de esa disciplina.  Sólo unos pocos la mantienen como arte y deporte.  En cambio, las grandes mayorías nos enfrascamos en una vida dual y motorizada.  Andamos de peatones o andamos de auto.  No existe un punto medio entre nuestras suelas lentas y el ritmo veloz de la caja de cambios.  La tercera vía, la ciclovía, la abandonamos pronto en la vida.  Y nos acostumbramos tanto al motor a gasolina que llegamos a pensar que no hay otra alternativa para alcanzar los destinos que coger las llaves, desconectar la alarma, abrir la puerta, sentarse al lugar del piloto, cerrar la puerta, encender el motor, activar el aire acondicionado (o la calefacción) y despegar arrancado adonde el tiempo y la necesidad nos demanden.  Por eso, la historia de ganar una bicicleta es, en realidad, la de perder un auto.  Es rescatar una tercera vía que desplaza a las otras dos.  Para ingresar a la ciclovía, al “camino del pedal,” es importante ser consciente de que uno perderá su relación simbiótica con el apéndice motorizado, y que uno descubrirá muchas cosas distintas de su ciudad (y de sí mismo) cuando se pruebe el casco, monte encima de su bici y apoye los pies sobre los pedales por primera vez desde que era adolescente.

En mi caso, la apéndice motorizada es una camioneta Honda CRV que antes manejaba hacia cualquier dirección que estuviera a más de dos cuadras de distancia.  No es broma.  Solía manejar seis cuadras desde mi casa, en Miró Quesada, hasta el trabajo, en la esquina de Basadre con Camino Real.  También, me trepaba a la camioneta para ir tomar un espresso al Starbucks, que está a poco más de 2 vergonzosas cuadras de mi departamento.  Eran cuadras largas, fue mi excusa.  A veces, por el intenso tráfico que se formaba en las horas punta, podría haberme demorado menos caminando que manejando.  Aquella sensación de estar paralizado en una fila india de SUVs era terrible, y recuerdo que admiraba con una envidia inconsciente la libertad más lenta y constante de los jardineros, de los serenos, de los carretilleros, de todos los pedaleros que revoloteaban como pajaritos alrededor de nuestras varadas manadas metálicas.  Por qué no se me habría ocurrido antes ser como ellos?  Cómo puede el adicto imaginarse el día sin su dosis?

Un auto es una dosis.  Su mecánica obedece al mismo álgebra de las necesidades de un adicto a la heroína.  Por eso, les confieso que yo era un junkie de mi auto.  El placer inmediato de llegar a mi destino por la vía más corta es el mismo de una droga.  Las drogas cortan el camino hacia la satisfacción y doblegan a los sentidos.  Nada importa tanto.  Lo que nos rodea pasa a ser secundario.  Los demás son una cinta sin sonido.  Revolotean a nuestro alrededor como ejemplos sin utilidad:  los jardineros bicicleteros con sus herramientas al hombro y los hippies locos con audífonos que pedalean a la universidad no pertenecen a nuestro mundo. 

Cómo podríamos vivir sin auto?  Sólo prima en nuestras cabezas el cortocircuito de nuestra inyección, y las conspiraciones que nos permitan acumular dosis adicionales.  Lo mismo sucede con un auto.  Las calles y sus contenidos pasan a un escalón secundario.  Lo que importa es el placer de llegar.  Y en ese afán de cortarle pasos a la vida: todo gira alrededor de nuestras maniobras estresadas.  Y la desesperación de encontrar un parking para nuestro auto se parece a la del adicto que termina su viaje de crack y no sabe cómo hacer para conseguirse su siguiente viaje.

Mientras más usamos al auto, más lo necesitamos.  Nos desesperamos si lo abandonamos en el taller.  Nos da síndrome de abstinencia.  Renegamos cuando debemos caminar lo que antes surcábamos en cuatro ruedas, o cuando debemos treparnos al auto de otro o a un taxi.  Y, mientras más usamos al auto, más nos deshumanizamos y más miedo nos dan las alternativas.

“Ay, bicicleta con este calor, cómo vas a sudar”; 
“Brrrrrr…cómo puedes salir a la calle pedaleando con tanto frío?”;
“Qué miedo!  Andar en bicicleta en Lima….hay que estar loco para querer que te atropellen”;
“Qué, no te roban la bici si la dejas en cualquier lado?
“
Los adictos no desean abandonar sus vicios.  Inventan excusas.  Postergan las fechas límite.  Recaen.  Lo mismo sucede con los autos.  La “Vía del Pedal” no es fácil.  Es el Rehab del automóvil.  Debemos obligarnos, necesitamos superar el síndrome de abstinencia y llegar a destino.

Sobre el asiento de mi auto, postrado sobre mi trono de cuero, con los pies controlando los pedales, con las manos gestionando la música y el aire acondicionado, soy el soberano sobre ruedas.  La masa metálica de mi automóvil me protege y me da poder.  Freno y acelero sin esfuerzo, como un Dios despreocupado que desperdicia poderes que no le cuestan nada.  Mi empatía humana entra en conflicto con el animal interno, con ese dinosaurio colmilludo que desprecia a sus inferiores.  “Bah, peatones, kombis, ciclistas, mototaxis, ticos”, a todos podría aplastarlos con el borde de un parachoques.  Sobre el asiento de mi auto, soy un coquero de aquellos, fresco después de que una línea de cocaína nos recubrió de acero inoxidable.  Me siento el rey del mundo, duro y seguro: “Superman es cualquier huevón”, pienso.

No puedo negar que me costó abandonar mi acorazado; y que me sigue costando.  Intenté renunciar a la mecánica belleza de ese placer inmediato y no siempre me ha ido bien con la eliminación del vicio motorizado.  Aún lo uso para muchos destinos innecesarios.  La flojera o la prisa consiguen esas recaídas violentas.  Pero qué importa, ya empecé.  Empecé a ir al trabajo pedaleando, a pesar del invierno y a pesar del verano.  Para cada excusa de mi inconsciente adicto encontré una solución.  Para empezar, la bicicleta está instalada en un pasillo de la cocina, al alcance de la mano.  No hay excusas para no cogerla del mango y lanzarla a la vereda.  Que uno llega con la camisa sudada en verano?  Entonces te vistes con una camiseta y lleva la camisa en la mochila.  Que no hay por dónde circular y uno corre el riesgo que lo atropellen?  Pues a circular por las veredas o a descubrir las múltiples ciclovías que ya existen en Lima, como las de Arequipa y Salaverry.  Que no llegamos a tiempo?  Pues a salir antes de tiempo y a descubrir que, cuando se toman en cuenta el tráfico, los semáforos y las rutas, muchas veces podemos llegar en menos tiempo.

Hoy en día, intento mantenerme dentro de la “Vía del Pedal” si me toca llegar a algún lugar entre Barranco y Jesús María.  Son 15 minutos para llegar a los puntos más extremos.  Para rutas más largas, aún mantengo la camioneta.  Ir al sur los fines de semana en bicicleta tomaría de 5 a 10 horas.  Imposible!  Pero planeo expandir el horizonte del pedal aún más, e incluir rutas de 20 minutos y de media hora.  Quizás, eventualmente, mi radio de acción alcance Chacarilla, Chorrillos y el Cono Norte.

He dejado de ser un Junkie, por el momento.  No sé cuánto durará.  Pero va durando!  Me he liberado de la adicción a mi Honda!  Pero esta crónica de liberación ha sido sólo el comienzo de mi relato.  Falta describir lo que empezó con el final de la adicción.  Hasta ahora, me he detenido en el momento inmediato de la liberación.  Hasta ahora, les he contado lo que sentía el Junkie cuando usaba su droga.  Ahora, falta el relato sobre mi nueva “Vía del Pedal”.  Falta describir sus satisfacciones y sus peligros.  Dije que pedalear permitía conocer a Lima de una forma distinta, y que en el camino descubrían muchas cosas sobre sí mismos.  Pues eso será pasta de otros artículos.  Debo terminar, pues este Ex Junkie de los motores  se va a cambiar de ropa en este momento, va a coger la bici por el mango y va a guiarla a la calle a empezar el día con su pedal.



martes, 24 de enero de 2012

El año del Dragón de Agua



BEIJING, 24 de enero de 2012

Con razón sentía que las cosas no habían realmente cambiado desde el 31 de diciembre pasado.  Era porque todavía no habíamos cambiado de año chino! Y, claro, si 3,000 millones de personas en Asia no habían pasado la página aún, ello tuvo que tener algún efecto sobre el giro orbital de la tierra.  Estábamos en un limbo de dos semanas hasta que Asia se pusiera las pilas.  No dicen que si los 1,500 millones de chinos dan un sapatazo al mismo tiempo se sentirá la pegada en toda la tierra?  Bueno, pues imagínense a los cientos de millones de chinos que ayer zapatearon al son de un nuevo año.

Ayer pasamos del año del Conejo al año del Dragón, que viene a ser el 4710 en el calendario lunisolar chino.  Me deprimí un poco leyendo sobre eso, porque se me acabó mi año 2011, el del  Conejo.  Como nací en 1975, supuestamente soy un "conejo de madera".  Los hay de fuego, de agua, de piedra, dependiendo del año de nacimiento, y, en tiempos modernos, con seguro llegarán los años del conejo de plástico, del conejo de lycra, del conejo de grafito, y el conejo pendejo y pirateado en Wilson, etc...

Cuando me tocó leer mi descripción en el horóscopo, agradecí dos cosas: que no creo un ápice en los horóscopos y que tengo a mi signo del zodiaco occidental como consuelo.  Seamos honestos: prefiero 100,000 veces ser un Escorpión nacido en noviembre que un "conejo de madera 1975" que es bueno, según la descripción, para "servir el té y escuchar a los amigos".  Suena a juguete de niños, a premio consuelo, a inofensivo, a oso de peluche...quiero creer que estos chinos se equivocaron mal.

Suerte para los dragones este 2012.   Tienen un guión bonito en la historiografía zodiacal china.  No obstante, parece que este año del Dragón será particularmente democrático, porque es el año del Dragón de Agua, y ello quiere decir que todos nos "mojamos" un poco con la energía desplegada por el 2012 que, después de todo, es un año gratuito que los mayas nos han regalado.

-No se iba a acabar el mundo este año según el calendario maya?

No.  Parece que hubo un error de redondeo y se equivocaron como por 10,000 años. Este es un año de agua y de dragones...

-Espérate un rato.  Los dragones no son de fuego?

-Esos son los europeos que, últimamente, más que de fuego están hechos de humo.  Lo peor es que los fabrican en una planta en Guangdong y los traen por barco desde Hong Kong hasta el puerto de Nápoles.  Cuestan carísimo.  Mejor te los compras pirata en Polvos Azules.

-Sí...mejor me llevo uno chino.  Cómo haríamos?

-Los dragones chinos vienen en varios modelos.  Los hay de fuego, de jade, de madera balsa, olvídate.  Lo que quieras.

-Pero dónde consigo los originales?

-Ni idea.  En Malvinas?  En la calle Capón? En Polvos Azules?  Tal vez en la 73.  Allí celebran el año nuevo hoy x la noche...

-Mmmmmh...y de paso no se come mal...servirán dragones?...

Cómprense su dragón chino antes de que se acaben.  No hay garantías. Si no les tocó la cena y fiesta de gala en la embajada china, pues como premio consuelo podrían invadir la 73.  Y si hay mucha pelotera o les parece muy elitizante, salgan en la noche a caminar y doblen en cuaquier esquina.  Izquierda o derecha.  De frente o hacia atrás.  La posibilidad de que encuentren un Chifa es altísima y...

-Aguanta, qué tiene eso que ver, causa?  Los chifas no son peruanos?

Ignoren ese último comentario.  Caminen hacia su chifa preferido, pídanse un buen chaufa y unos wantanes, un tipakay, un chijaukai, un patito pekinés, ojalá que los agarre una linda celebración, aunque se trate de un Chifa de mala muerte en Huancayo. Feliz año del dragón de agua para todos!

Martín

lunes, 16 de enero de 2012



Self Entitlement

Texto previo adherido a las rocas
Haber tenido un Near Death Experience este fin de semana cambió un poco mi visión de este texto que iba a escribir.  Por supuesto que es una exageración hablar de la muerte cercana cuando todo lo que tengo para mostrar como prueba son unos leves raspones feos en el brazo izquierdo y una ganchuda espina de erizo.  Aparte, el lugar donde me resbalé parecía, a simple vista, de lo más inofensivo.  Digamos que haberme revolcado contra esas piedras al lado de la playa fue como caerse de un columpio en el jardín de niños.

Pero, fuera de bromas, tal vez no estaría hoy escribiendo aquí si mis piernas no se hubieran clavado primero contra la hendidura de choros y erizos que retuvo mi cuerpo y lo protegió de las piedras.  Les juro que, antes de que mis manos pudieran cubrirla, mi cabeza se dio cara a cara contra un cercanísimo piedrón duro y negro y lleno de ganas de estrellarse conmigo y reventarme la cabeza como una fruta podrida.  Pude oler el frescor marino de las algas que le crecían y sentí el "Uf. Casi" aliviado de mi mente cuando, por fin, mi cuerpo se liberó de la corriente del espumón.

Qué huevón, pensé. Pero estás aquí, respondí.  Estás aquí y esta misma noche has recibido un rosario de plata, regalo y encargo de tu tía.  Extraño cómo confluyen en un mismo día la sensación de la muerte y de lo mágico.  Este rosario que tengo puesto ahora mismo sobre mi pecho ateo ha caído en mis manos un día que parece correcto.  Hoy podría estar flotando reventado en algún rincón de la playa, pero, en cambio, estoy recostado en mi cama a las 6:15am, escribiendo y mirándome el pecho y sintiendo cómo la energía de las manos generosas de mi tía Maggie se impregna y desciende por todo mi sistema nervioso.

Self Entitled BMW
Con este rosario me siento tan protegido y sereno como la señora del BMW 520i.  Es sobre quien quería escribir originalmente y a quien quiero dedicarle estas líneas. A usted, señora que encarna a todos esos reyes y princesas que son dueños (sin papeles) de la ciudad Lima.  Sobre sus cuellos cuelgan, invisibles e inmerecidas, las llaves de esta ciudad.

Yo venía de Tudela y Varela hacia Santa Cruz por una calle de dos carriles convertida en medio carril ajustado.  Demás está decir que iba apurado.  Los autos estacionados a ambos bordes de la pista permitían que avanzara sólo un auto a la vez, y era imposible adelantar.  El BMW 520 i que recorría la pista a paso lento frente a mí se detuvo sin anunciarse.      Los primeros 5 segundos, los aguardé calmado. Seguro se le había apagado el auto o algo por el estilo.  Un problemilla menor que justificaba la pausa.

Pasaron 25 segundos, y se abrió la puerta del auto.  Se bajó una señora de mediana estatura y peinada, con lentes oscuros, vestida para un café en la San Antonio.  Irradiaba una extraña actitud de dueña del mundo.  Quise protestar.  Señora, cómo se le ocurre bajarse del auto en medio de la pista, en vez de estacionar!  No ve que hay lugares vacíos donde podría haber cuadrado su auto?  No ve que hay 3 autos esperándola?

Todas aquellas protestas se me enredaron en la garganta.  La señora hizo algunas señas con las manos e, inmediatamente, noté unos hombrecillos vestidos de obreros que se levantaban de la sombra de un jardincito de entrada de la casa que estaba a la mano izquierda y hacia donde toda la atención de la señora estaba concentrada.  Entendí que esa era su casa y que los obreros de la construcción del costado habían tenido la osadía de recostarse sobre la vereda y el jardín a dormir la siesta a la sombra del arbolito.

La señora, luego de ver que ante sus quejas y alaridos ya se dispersaban los hombrecillos y quedaba liberado su jardín, volteó a mirarme con sus moscudos lentes oscuros.

Es que se echan en mi jardín, pues, estos...


Y esa fue la única explicación que dio para justificar los 5 minutos de tráfico detenido y que, en vez de haberse estacionado al lado para caminar unos metros a conversar con los obreros, hubiese bloqueado el tráfico público de una calle transitada y pegado de alaridos desde la puerta de su auto.  Imagino que cuando detuvo su BMW 520i en el medio de la pista lo hizo invadida de un fervor gamonalicio heredado de sus antepasados, que en su furia de ver invadidas sus hectáreas patrimoniales de jardín perdió enteramente la noción de las cosas y se imaginó cabalgando por la vereda de una de sus haciendas, dando órdenes.  Bajo aquel espejismo, yo me imagino que sentía que tenía pleno derecho a pararse a despejar el canal de regadío de esos jornaleros insolentes.

Tal vez hasta imaginó que llevaba un látigo en la mano cuando se volteó a justificarse.

Es que se echan en mi jardín, pues, estos...

Fue una justificación calmada, una explicación de soberana.

Después de esta señora, entiendo mejor el término derecha bruta y achorada. Recuerdo también el término gringo que le cabe a pelo, el de self  entitled bitch.  Este texto se lo dedico con mucho amor a usted, señora dueña de Lima que se pasea con su caballo BMW 520i y se detiene en medio de la pista cuando la situación lo amerita, porque, después de todo, el mundo que la rodea es su chacra y el resto de la humanidad de Lima somos sus jornaleros.






jueves, 12 de enero de 2012





YOU CAN TURN OFF THE SUN, BUT I´M STILL GONNA SHINE




Son las 4:45 am.  Llevo como cuarenta minutos despierto.  El día es una manta morada que bordea los perfiles de los edificios.  La vegetación del Golf combina el negro de las hojas aún no iluminadas con el brillo fosforescente del grass lavado por la garúa. 


Me voy hoy al mar con la sensación de que brillo como ese grass garuado.  Qué importa lo que pase hoy o si ayer o el 2011 fueron duros.  No necesito del sol para brillar.


En las últimas semanas tuve la suerte de deprimirme estando preparado para ello.  Aquel estado tan particular (la depresión) es difícil de controlar si nace como un tsunami interno. Durante la depresión es complicado separarse uno mismo de los sentimientos que tú estás produciendo, y eso puede apagarte el alma.


Pero, esta vez, me agarraron preparado.  No fue un tsunami interno, sino una tormenta perfecta exterior, que es más fácil de controlar.  


La depresión es un agujero negro en el alma que, si no se trata, chupa todo el tiempo y el espacio de uno y lo aplana en un solo punto.  Ese es el problema de estar deprimido: parece la noche infinita del segundo.  Cada segundo es el más importante de todos.  No hay mañana ni futuro ni un universo por recorrer.  La atención está completamente enfocada en un punto: el momento.  Todas las posibilidades y caminos desaparecen del horizonte.  Y por este desesperado derrumbe visual de nuestro mundo es que somos capaces de darlo todo (hasta la vida) por destruir un instante de dolor.


Por eso es que nos enroscamos en nosotros mismos alrededor de ese agujero negro, de ese punto focal del alma.  En nuestro intento por aplacar su succión,  pensamos en escándalos y en suicidios desesperados que, desde la perspectiva del minuto, no parecen descabellados.  Si no por qué se tiran de los puentes hombres y mujeres como nosotros, nacidos de la misma luz?  Están envueltos en un agujero de tinieblas, en su infierno instantáneo.


Pero, como dije, esta vez me agarraron preparado.  Nunca estuve mejor, pensé incluso en los peores momentos de aquella negruzca galaxia giratoria.  Lo más débil de la depresión es que no tiene ni tiempo ni dimensiones.  Por eso, no hay que dar ni un solo paso físico para superarla.  Sólo hay que desviar una fracción nuestros ojos del alma, y ya estaremos nuevamente en el ángulo de la luz. 


"Puedes chuparme toda el alma que quieras, que adentro tengo almacenadas toneladas".


"Puedes apagarme el sol y las estrellas.  Pero mira cómo brillan desde el interior los ojos, los pelos y la piel".


Cuando se sientan deprimidos, soplen duro e inflen sus días.  Olvídense del momento.  Métanse al mar y sientan sus pies helados y conectados con el vasto infinito.  Olvídense de los minutos.  No vale la pena.  Levántense de la cama e instálense una turbina en la espalda y vuelen sobre su vida.  El Birds Eye View del mundo les va a regalar la verdad: que nada podrá destruirles su alma que brilla.


Eso es lo que pienso hoy, antes de saltar de la cama y meterme al mar, antes de ir a trabajar.


Martín

miércoles, 11 de enero de 2012



Una nota desde la playa

There are people so poor, that the only thing they have is money

El profesor navegaba a pura brazada y nos pedía que cruzáramos la línea de rompiente en escuadrón.  Para esta experiencia no importaba el deporte marino ni la forma en que atravesáramos las olas.  Podríamos estar nadando o buceando o tripulando un velero.  Lo primario, según él, era encontrarse con uno mismo dentro del agua a las 6:30 de la mañana y aceptar al mundo a partir de la línea de mareas.  "Dentro del agua somos animales de cacería", nos dijo.  "Afuera, gobierna el dinero.  Aquí, se trata de conectar".  -Allá, por encima del acantilado, las prioridades están distorsionadas-, pienso.  


Él es nuestro instructor, pero también es diseñador.  "Mi talento no lo vendo por nada del mundo".  El otro compañero, observa sereno el oleaje y confiesa que está de sabático.  Su vida es levantarse para el mar.  El oficio del último se perdió en mis oídos con el mar picado, pero sospecho que es uno de los míos.  Cuando me preguntan qué hago por la vida, con un quejido confieso que trabajo para el sistema distorsionado.  Soy un brujo de la plata.  Cuando salga del mar y me apriete la toalla al cuerpo, seré uno más de esos cuerpos secos.  Un pobre que lo único que tiene es dinero.  


Pero el jueves próximo, cruzaré de nuevo la línea de mareas y seguiré los pasos del jefe de manada y atravesaré la línea de la rompiente hacia una vasta piscina verde y libre.  Daré la vuelta y sentado sobre el mar observaré el horizonte.  Por unos minutos seré rico, pienso.  Por unos minutos.



martes, 19 de julio de 2011

Yuyachkani y nuestra memoria colectiva en la obra Sin Título.




No forman el verdadero Perú las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico y los Andes; la nación está formada por las muchedumbres de indios diseminadas en la banda oriental de la cordillera
Manuel Gonzáles Prada


Yuyachkani y nuestra memoria colectiva en la obra Sin Título.

Sin Título
El sábado fui con mi hermana y una pareja de amigos al Teatro de Yuyachkani, en la calle Tacna, Magdalena.  Cómo me gustaría comprar una casona como aquella y restaurarla.  Deben quedar aún muchas en los lugares más insospechados.  Si saben de alguna, me avisan.

La obra me encantó, pero me dejó pensando mucho sobre lo equivocada que es la memoria colectiva que algunos sectores de lo peruano están formando.  Empecemos por lo que me encantó.  En primer lugar, me gustó por el contenido, porque el énfasis en la memoria colectiva de los episodios traumáticos de nuestra historia y su efecto en los menos favorecidos es correcto.  En segundo lugar, porque establece la necesidad de que esos capítulos terribles de la historia no sean olvidados.  En tercer lugar, porque el tratamiento estético es muy bueno.  La escenificación se ha organizado de tal forma que los espectadores ingresamos a una especie de “Museo Instalación”,  donde los objetos rodean las paredes como si fueran parte de una exposición sobre el Perú, y donde los actores se trasladan y actúan sobre tabladillos móviles que el público rodea, de pie, como si se tratara de una feria popular.

La obra es una escenificación de episodios de nuestra historia que van desde la Guerra con Chile hasta las esterilizaciones masivas, y en cada episodio aparece un personaje olvidado, desde un soldado indio de la resistencia de Cáceres o una chorrillana convertida en viuda tras la batalla de San Juan de Miraflores hasta una chola vestida de rojo protestando por la pérdida de su fecundidad.  También irrumpen personajes que han marcado la historia, como Abimael Guzmán o Vladimiro Montesinos, magníficamente escenificados en sus momentos cumbre.  Guzmán da vivas y vítores y baila la danza de Zorba el Griego sobre un tabladillo de vidrio, montado encima de un Cristo que duerme, idéntico a las imágenes de los Cristos en los templos andinos.  Montesinos aparece sobre un tabladillo junto con Fujimori en una danza de apuñaladores dedos con los que señalan, amenazantes, a enemigos anónimos de entre el público.

Los momentos más emotivos para mí fueron tres.  El primero, fueron los discursos de queja de las víctimas de la Guerra con Chile.  De pie, cada personaje le dicta sus desgracias a un notario, quien tipea pacientemente en su máquina de escribir.  Cuando le toca a la india y empieza a hablar en quechua, me invadió un sentimiento de culpa.  Por qué no hablo quechua, si un tercio de mis compatriotas lo habla como lengua materna?  Qué contradicción divisiva, pensé.  Es algo que debería cambiar.  El segundo fue la rifa del Perú, una escenificación donde bailan un Fujimori en patines, un Nicolás de Bari Hermoza en zancos y el brazo alargado e izado en un permanente saludo militar, un Montesinos de calva brillante (todos los actores llevan máscaras brillantes y moldeadas al estilo de las fiestas populares) y dos tinterillos enanos que podrían ser congresistas, jueces de paz, autoridades regionales, vaya uno a saber.  Dentro de ese episodio hay un momento cumbre cuando, con la música de Chino-Chino-Chino, luego Hola Yola y, finalmente, Trampolín a la fama Ferrando, uno de los tinterillos abre un tablero de Monopolio y de él empieza a sacar billetes que se elevan hasta el techo del escenario.  No puedo imaginar mejor metáfora del alegre juego corrupto de quienes ejercitan el poder como si actuaran en un circo, trabajando sólo para beneficio propio y, encima, encontrándolo entretenido.  El tercer momento fue el de la india y la asháninka vestidas con trajes sobre los cuales estaban descritos con tinta roja todos los detalles sórdidos de las 300,000 esterilizaciones masivas. 

Hubieron muchos episodios más, algunos más religiosos, otros más antropológicos, pero fueron los episodios políticos los que más me impresionaron.  Las palabras de Salomón Lerner sobre los más de 65,000 muertos durante la violencia de los últimos 25 años me sacudieron el alma.  Dos tragedias como la guerra con Chile y la “guerra interna” que sufrimos fueron explicadas por los mismos factores: la pequeñez y egoísmo de nuestros líderes, la disociación entre nuestros pueblos, el aislamiento de los menos favorecidos y la cultura del olvido y el abuso.  Si entre 1879 y 1883 fueron los chilenos los que nos masacraron, entre 1980 y el 2000 fuimos nosotros mismos los que nos masacramos.

Negando a Gonzáles Prada
Pero de la obra me queda un sabor bien amargo.  No dejo de pensar que igual es una obra tendenciosa y que no le hace bien a la memoria colectiva del Perú resucitar sólo algunos pedazos de su historia y no otros igual de venenosos sólo porque no caben en nuestro caudal ideológico.  El énfasis en Montesinos y Fujimori, así como la representación light de Abimael y, por último, las frases de divisivas de González Prada me dejaron pensando en que Sin Título es una obra desfasada y, en el fondo, tendenciosa.  Para empezar, la frase de González Prada ya no aplica.  Reconozco que parte del problema en el Perú es la falta de reconocimiento de ese otro lado, del Perú indio y del sur, del Perú amazónico.  Pero ellos no son el único Perú y no deberíamos tomar a aquel Perú como ejemplo o como guía.  García declaró hace poco que en estas elecciones quien había ganado y elegido era Puno.  Es cierto, pero fue por la división del centro que finalmente se dio que quienes eligieran fuesen los extremos y los olvidados, y no las mayorías. 

Pero, por más que ellos merezcan su lugar en la memoria por las atrocidades y los abusos que han sufrido y por la tremenda deuda que les tenemos como nación por haberlos relegado, el Perú no es Indio ni Asháninka.  Y yo no soy un criollo apátrida o un extranjero que puebla la margen occidental de la cordillera y que no es considerado peruano.  Hoy el Perú es, más que nunca, un país COSTERO, ya que la mayor parte de su población ahora vive en la costa y en sus ciudades, y ello va en oposición directa a la equivocada y desfasada frase de González Prada.  Puedo entender que la hayan empleado para generar un shock en la audiencia del teatro, compuesta en su mayoría por limeños criollos, pero no puedo dejar de pensar que Sin Título, en escena desde el 2009, ha sido un eje que contribuyó a generar líneas de pensamientos como las que encontré en Internet junto con esa misma frase de González Prada, y que sólo generan nostalgia, división y resentimiento.  Sí, protejamos a las minorías, pero no nos olvidemos de que el Perú es un país cambiado, con una nueva demografía, y esa demografía no es india, sino chicha.  No es serrana, sino costeña.  No es rural, sino es urbana, de conos de expansión que se expanden desde los centros de las ciudades.  Somos cada vez más una fusión propia entre lo originario y lo occidental.  Por eso, basta de frases como la de González Prada, y otras como las que encontré, desfasadas y tendenciosas, dañinas, y que copio:

Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad (…) al socialismo indo-americano -Yo he dicho ya que he llegado al entendimiento y a la valorización justa de lo indígena por la vía del socialismo José Carlos Mariátegui

La cuestión fundamental de la lucha antimperialista en Indoamérica es la cuestión del poder. Son las clases oprimidas por el imperialismo y los terratenientes las que deben apoderarse del poder: las clases medias, los campesinos y la clase obrera.  Haya de la Torre

El Perú es un pueblo de indios. El Perú es el Inkario, cuatrocientos años después de la conquista española. Dos tercios de su población pertenecen a las razas regnícolas; siguen hablando los idiomas vernaculares. Para esos cuatro millones de peruanos sigue siendo el Hombre Blanco un usurpador, un opresor, un ente extraño y extravagante.  Luis E Valcárcel

Lo andino es el cimiento y la base de la historia peruana. Eso es indiscutible. Posteriormente vienen a extenderse, a agregarse, las otras influencias que vienen con la Conquista. Pero el cimiento es andino y amazónico, no es criollo. Existe un Perú criollo, pero es uno de los elementos. No debe ser el predominante… La sociedad moderna peruana es todavía excluyente. Es criolla a expensas de los otros elementos  Eliane Karp

El antiimperialismo / El socialismo andino / El republicanismo político / El latinoamericanismo militante / y El nacionalismo civilizatorio, emancipatorio e integrador. -Critica al Estado Criollo que desde 1821 excluye a la mayoría social de predominante raigambre andina . -El Estado Pluralista y Descentralista implica también la necesidad de realizar un acto de justa reparación histórica frente a nuestros pueblos indígenas y mestizo . Ollanta Humala

Pues a todas aquellas frases yo respondo:  sí, el indio compone una parte fundamental de la nacionalidad peruana; sí, la memoria del abuso contra los oprimidos, particularmente la del blanco contra el resto, debe persistir; sí, el Perú ha sido y continúa siendo una nación excluyente.

Pero también respondo: ahí para la mano.  No me van a hacer sentir mal por ser parte del Perú criollo.  Ser consciente del pasado no implica aceptar el racismo reverso del Etnocacerismo de Adolfo Hitler Humala Papá o de Antauro Humala, asesino y terrorista.  No porque reconozca que el Perú ha sido un país dividido voy a reconocer que la torta debe voltear de dirección por un camino igual de dividido y equivocado.  El Perú hoy es más limeño que huancavelicano por la sencilla razón de que mucha más gente vive en Lima que en Huancavelica.  Y por ello es que no debemos sentirnos avergonzados de ser limeños y criollos y costeños.  Yo estoy orgulloso de ser limeño y de ser criollo y de ser costeño.  Me siento plenamente parte del Perú y quienes quieran hacerme sentir mal por ello, están muy equivocados y los voy a combatir de palabra y obra.

Y es ahí donde reclamo por la obra Sin Título, por tendenciosa, por roja, por recordar sólo ciertos episodios y evitar enfrentarse a otros debido al tinte ideológico.  Dónde están el Gobierno de Juan Velasco Alvarado y el Primer Gobierno de García en su crónica de las tragedias del Perú?  Lo que los rojizos y los confundidos ideológicos que compusieron esta obra han olvidado es una pieza importante de memoria también.  Es la hora de que los costeños y criollos de Lima rescatemos nuestra memoria también.  Es hora de que reclamemos, pues también hemos sido vulnerados y oprimidos.  La izquierda en el Perú va a tener que asumir su responsabilidad histórica por la DESTRUCCIÓN del aparato productivo peruano.  Por ahora las obras de teatro y de literatura se enfocan en las atrocidades del fujimorismo y la barbarie senderista, pero ya tocará la hora de evaluar las responsabilidades históricas del APRA y los que apoyaron a Velasco. 

Hoy seremos gobernados por la minoría andino-sureña, que votó masivamente por Humala, gracias a una mala formación de la memoria colectiva de la nación peruana, que vilifica los abusos de la derecha en el poder, pero olvida selectivamente los abusos de la izquierda velasquisto-aprista durante los setentas y ochentas.  Es nuestro deber rescatar esa memoria y equilibrarla, para evitar que los incompetentes y los resentidos vuelvan a salir elegidos, como ocurrió este 5 de junio del 2011.  Es hora de revalorizar nuestra cultura costeña y representarla junto con la del resto del Perú en todas sus manifestaciones: el arte, la comida, el deporte, etc., y de formar movimientos políticos que, además de buscar la unión entre todos los peruanos, también reconozcan que el futuro del Perú está en la costa urbana como parte integrante de la nación pluricultural, plurirracial y pluriclimática en que vivimos, porque es en la costa donde radica la mayor parte de la población, donde convergen los ejes unificadores y formadores de la nueva cultura y es donde se gesta la modernidad económica y demográfica de la gran nación que somos y seremos.

sábado, 16 de julio de 2011

Lima sin auto / La Masacre de Accomarca / La Ecuación de la Locura



Lima sin Auto

Ayer caminé desde Larco hasta La Celosa con mi amigo Ronny Kleiman.  Desde que dejé mi Honda en el taller, he aprendido a gustar de la Lima peatonal.  Me di cuenta hace dos días caminando por Lince, buscando la dirección de mi flamante psicoanalista (dejé el auto y estrené loquero, como si fuera un personaje de Woody Allen; pero no es Nueva York, sino Lima la gris y contaminada), pues fui descubriendo cómo es diferente la perspectiva del peatón, la atmósfera de Lima fuera de mis cuatro ruedas, de sus lunas tintadas anti-golpe, los asientos de cuero y la música de fondo y pestillos. Cruzar la Javier Prado a pie, por ejemplo, fue un acto de fe que conllevó riesgos bien reales.  La primera lección fue que soy frágil y que existen seres de metal mucho más veloces, irracionales y fuertes que uno, cuya voluntad debe ser acatada a riesgo de muerte. Al andar por los Pinos y doblar la Dos de Mayo noté cómo las casas en realidad se han diseñado para disfrutarse desde las veredas, y no desde el cómodo asiento de mi Honda, donde soy un extranjero de mi propio barrio.  Segunda lección: la perspectiva lo es todo. 

Qué me está pasando?  Debe ser el efecto Lady Vaga (el nuevo apelativo de Susy Villarán), la que por fin parece dejó la actitud de activista y se empiló.  Ahora hasta la empiezan a querer algunos periodistas.  Hay que dejarla obrar: van sólo siete meses.  No haberse puesto para la foto de las obras que la precedieron fue un tremendo error político, pero no cabe duda que enfrentarse, por fin, a la mafia del transporte público limeño vale todas las misas para Susana.  Con esa actitud desafiante, la primera real que veo en contra de esos abusivos trogloditas que dominan nuestras pistas (espero que luego no se diluya y deshaga tu valentía), Susy, you have me at hello.

La Masacre de Accomarca

Andar por Miraflores con mi amigo tico Ronny Kleiman, además de haber sido una oportunidad de conversar por más de veinte minutos sin interrupciones, fue una experiencia enriquecedora para un adicto a las ruedas que nunca anda por las calles salvo cuando le toca correr por el malecón.  Anduvimos por Larco.  Luego, nos metimos por algunas callecitas y llegamos a 28 de julio.  Íbamos al cumpleaños de un amigo que había cerrado el Bar La Celosa, un magnífico huarique en la calle Recavarren.  De 28 de julio llegamos al Parque Kennedy y cruzamos por la calle de las pizzas y sus restaurantes repletos de turistas confundidos, bricheros y visitantes nocturnos.  Llegamos al bar, donde servían tragos y se había agolpado una multitud de amigos del agasajado: artistas, criaturas nocturnas, parientes, etc.  Hasta ahí, la noche no había dado mayores vuelcos; lo de siempre: blah, blah, blah, la verdad es que en una hora estuvimos fuera del lugar.  No voy a decir que no hubiera gente interesante o que no la pasé bien, pero me estoy recuperando de una bronquitis y un ataque de asma y el ambiente estaba cargado de humo y repleto de respiraciones.  No era mi mejor momento ni el mejor lugar.  Cuándo prohibirán de manera más categórica fumar en lugares públicos?  Es cavernario que tengamos que aguantarle la cochinada a los demás.  Si están socialmente prohibidos los eructos, los pedos, los vómitos y los cagues al paso, por qué tenemos que aguantarle el humo al paso a las personas?  Es inaceptable.  El bar parecía un capítulo de la tercera temporada de Mad Men, con mozos de blanco y demasiada gente fumándole en la cara a los demás sin la más mínima vergüenza.

Si hubiera ido con mi auto, la noche hubiera iniciado y terminado sin esa caminata a través de la bruma limeña y sin aquel regreso, que fueron los momentos que, honestamente, más valieron la pena de toda la velada (y los más limpios para mis pulmones).

El taxista que me llevó de regreso y me cobró 15 soles fue certero y absoluto en su medición del costo, cosa rara en un taxista y más rara aún en un taxista que está recorriendo Miraflores a la media noche en busca de borrachos con la billetera más suelta. Fueron dos carreras, de La Celosa al Hotel Ibis a dejar a Ronny, y luego hasta mi casa en San Isidro.  El taxista estaba escuchando la radio, y se oía que a Telmo Hurtado lo acababan de extraditar a Lima, que había aterrizado directo desde las garras de la Interpol en Estados Unidos a las garras de la justicia peruana.  El taxista se presentó como Gamboa, y me contó que él era de Accomarca.  Até cabos: Accomarca fue el pueblo donde ocurrió la masacre de sesenta y nueve campesinos, donde Telmo Hurtado, “El Carnicero de los Andes”, comandó el asesinato de hombres, mujeres y niños el 14 de agosto de 1985.

Yo me escapé antes, unos 15 días, me fui a Lima, me cuenta Gamboa mientras conduce tranquilo su taxi negro y con asientos de cuero, de una empresa formal de taxis.  Me muestra el fotocheck de su empresa para que lea bien su nombre, como queriendo marcar en mi memoria la veracidad de las cosas que me cuenta.  Se vestían igual los cumpas (senderistas) y los sinchis (ejército), me dice.  No se sabía quién era quién.  Mataron a muchos.  A mi primo de su familia le mataron 17, se quedó el solito.  Se metió al ejército y lo hicieron comandante y se regresó y se metió al monte y uno a uno los fue matando a los cumpas.  Su relato fue corto, lo que duraron los aproximadamente siete minutos que me tocó regresar a mi casa.  Hoy en El Comercio veo una foto bastante antigua de un comandante con lentes oscuros enormes que le cubren un tercio de la cara y un bigote grueso.  “El Carnicero de los Andes”, como lo llaman, es el símbolo de esa época perdida pero bastante reciente, de ese capítulo cerrado que no quisiéramos volver a abrir.   Pero los fundamentos de esa ecuación de la locura continúan ahí, contenidos.  Y hoy se mantiene ahí enquistado en las heridas y alimentado por la incompetencia de las autoridades, la codicia de las empresas, el influjo negativo del narcotráfico y el contrabando y la persistente ignorancia y miseria.  Espero que las heridas no afloren de nuevo.  No obstante, luego de Puno y Huancavelica, me queda claro que las heridas aún no se han cerrado y que los problemas que causaron la barbarie continúan latentes.

La Ecuación de La Locura

Últimamente no leo NADA bueno del gobierno entrante.  Humala se zurró en nombrar a su gabinete.  Y ya estamos tan cansados del under-delivery, que paramos de reclamar.  Hoy se largó a Venezuela a ver al canceroso de su financista y luego va rumbo a México.  Y no pronunció palabra sobre su hermano.  Esa actitud de rehuir del diálogo y no enfrentarse a la verdad, esa falta de liderazgo que está demostrando, va  costarle caro cuando empiecen los verdaderos problemas.  Comandante Humala, presidente, qué pena con el Perú que en la ejecución de sus actos usted haya revelado tanta incompetencia.  No tengo nada claro sobre sus verdadera convicciones ideológicas.  Hasta ahora, me parece que son escuálidas, cambiantes y que se ajustan superficialmente a la audiencia.  Habrá que esperar a los hechos para entender realmente la verdadera contundencia de sus ideas.  Le confieso que prefiero que sean escuálidas sus convicciones, por que si realmente nos espera la ejecución de public policy de la mano de bárbaros como el sr. Jorge Bernedo, de su comisión de transferencia del Ministerio de Trabajo, que declara su mediocridad intelectual criticando los contratos de trabajo temporal como “prebendas empresariales”, estamos fritos.  Ojalá que lo suyo sea, al final del capítulo de los próximos 5 años que nos restan, un Toledismo más mediocre, pero igual de inofensivo.

Ahora, sobre su capacidad de liderazgo, ahí sí estoy preocupado.  No va a durarle la luna de miel un dólar más si no enfrenta los problemas.  La prensa se lo va a comer vivo.  Y ahí querrá meterse con la prensa.  Y no va a poder.  El congreso, el poder judicial y el tribunal constitucional se lo comerán vivo.  Sr. Humala, necesitamos que demuestre capacidad de liderazgo.  Tome el tema de su hermano y desbrócelo, expóngalo y explíquelo.  Tome el problema del gabinete y resuélvalo.  Usted es el presidente del Perú.  Defina a su equipo de La Haya.  Confirme quiénes se quedan y quiénes se van.  Empiece a tomar decisiones!  Es lo que esperamos de usted!

Y otra cosa más, qué es esto de invitar a Irán a la toma de mando?  Es que ha enloquecido?  Lo leí en un editorial de Jaime de Althaus en El Comercio.  No queremos a ningún representante de ningún país no democrático en su cambio de mando.  Uno solo de esos representantes invalida en nuestros ojos sus credenciales democráticas.  Ese falso multilateralismo es inaceptable.  No vamos a permitir que transforme nuestro país, que por fin parece serio a los ojos del mundo, en un fantoche más de aquel concierto de payasos híbridos.  No quiero en Lima de invitado a la toma de mando de MI PAÍS un líder que niega el holocausto y le niega a su pueblo el derecho de vivir libremente.  No! No! No!  Eso es jugar con la ecuación de la locura.  No! No! No!  No queremos a Irán en el cambio de mando!  No queremos hermanitos negociando prebendas en Rusia!  No le permitiremos cambiar la constitución!  No le permitiremos meterse con los medios de prensa!  No le permitiremos doblegar la democracia!  Repito: no queremos a Irán en el cambio de mando y hay una larga lista de cosas que NO le vamos a permitir.  Prepárese a gobernar como esperamos que nos gobierne.  A usted sólo lo eligió un 30% del país.  El resto fue suerte e incompetencia, y un Premio Nóbel y un ex Presidente con ceguera política.  Ha tenido suerte.  A partir de ahora, se le acabaron la suerte y MI paciencia.